sábado, 25 de julio de 2015

Víctimas de la emotividad


Vivimos en una sociedad emotivista.
Vivimos rodeados de personas que no piensan el mundo, y no tienen bases morales para sus opiniones.
Sus juicios morales y creencias dependen de su estado de ánimo o de sus experiencias recientes.
Estos juicios morales no tienen base sólida y las personas que los usan de alguna manera se percatan.
Para darles base se deben convencer a si mismos a la vez que te convencen a ti.
No pueden opinar sobre una creencia o experiencia, debe ser la mejor y tu también debes reconocer que es la mejor.
Mejor incluso que la que tu tienes, su opinión tiene que ganar, por trivial que sea el tema.
No hay razones objetivas detrás de un precepto, una persona debe manipular a otra para lograr que ésta cambie de opinión.

No hay un intercambio, nadie reconoce su ignoracia, solo una lucha de creencias.

“Beber cerveza sienta mal” diría alguien para expresar sus sentimientos y tratar de influir sobre los sentimientos del otro, ya que sería un sinónimo de “No apruebo beber cerveza y tú deberías hacer lo mismo”.
El emotivismo es el fenómeno que se da en la gente para la que decir “esto es bueno” significa más o menos “yo lo apruebo, hazlo tu también”.

Sin reflexión, sin fundamento moral y con violencia intrinseca. ¿Te suena esta situación? Quizá siempre caemos en esta emotividad.

Ahora, prestemole  atención y no dejemos que influya. Piénsalo, piénsate.

viernes, 17 de julio de 2015

Sin ganas de pensar

Hoy como cada fin de semana desde que me amenazaron iba a dedicarme a la linda tarea de hacer una entrada en este desolado blog, estaba revisando entre los viejos y nuevos escritos que podría estructurar para hacerla, pero estoy cansada, no físicamente, estoy cansada mentalmente, los sucesos de estos últimos días me tienen agotada, mentalmente agotada, espiritualmente agotada.

Por primera vez desde hace mucho tiempo no tengo ganas de pensar.

Hasta aquí llego hoy y por lo visto por este fin de semana.

sábado, 11 de julio de 2015

La percepción ¿amiga o enemiga?

Últimamente leo y pienso mucho en la percepción, que aunque no es un tema muy clásico de la filosofía, ha sido tratado numerosas veces y tiene una influencia importante sobre cada uno de nosotros, especialmente a la hora de pensar y a la hora de interpretar el mundo.

Vamos a ponernos en situación, imaginemos que estamos escribiendo y se nos cae un boli, no pasa ni un minuto y se nos vuelve a caer, y acto seguido se nos vuelve a caer, y ya enfadados lo agarramos lo miramos y decimos ¡Maldito boli deja de caerte!

En un momento nos vemos enfrentados a dos problemas, por un lado tenemos el enfado de la situación, y por otro lado nos hemos ganado un enemigo mortal que es el boli, y ahora es cuando pensamos ¿Cuál es el problema aquí? ¿Cómo en ocasiones nos enfadamos con cosas inertes? En parte es un problema de percepción, percibimos maldad donde no la hay.

Podríamos definir la percepción algo así como “una actitud subjetiva a la hora de interpretar el mundo”.

Con el boli hemos percibido un enemigo, aunque realmente no lo había.

Cuando no controlamos nuestra percepción se maneja a su antojo, las situaciones se tornan difíciles o agradables según nuestro estado de ánimo, pero cuando la controlamos podemos hacer que el mundo nos dé justo lo que deseamos.

A principios de año fui a un curso de una técnica de meditación budista, el primer ejercicio era la meditación basada en la compasión hacia el mundo.
Recuerdo que durante cada pequeño ejercicio de meditación se hacían más evidentes los ruidos de larespiración de un compañero, un hombre mayor con una respiración fuerte, ruidosa, entrecortada, angustiosa, y con cada ejercicio se convertía en elfoco principal de mi atención hasta el punto nublar mi mente totalmente, yo me preguntaba ¿lo estará haciendo queriendo? ¿Querrá ser el centro de atención y por eso respira así? Mi convencimiento de que era un acto voluntario era absoluto.

Cuando la situación se tornó tensa en mi interior, decidí cambiar mi percepción, no conocía de nada a ese hombre pero sin embargo lo estaba percibiendo como alguien que quería fastidiarme, así que puestos a emitir un juicio basado en suposiciones, decidí suponer que ese hombre tenía esa respiración por un problema, me imaginé que sufría de una terrible enfermedad  de garganta, e incluso lo llevé al extremo de pensar que estos eran sus últimos días debido a dicha enfermedad.
Inmediatamente sentí compasión, mi enfado desapareció, y dejé de oír esa respiración.

El tema de la percepción es mucho más largo y profundo, estos ejemplos del boli y del hombre que respira fuerte, eran dos ejemplos personales como ví­ctima de algo que Séneca definía como “la impresión de que se burlan de nosotros”, tenemos el ejemplo de un elemento inanimado y de un ser vivo, y en ambos casos los dotamos de un carácter mal intencionado ante la duda, creando así un problema del que solo somos víctimas nosotros mismos.

Más recientemente tenemos un estudio más intensivo del uso de la percepción del filósofo y experto lingüista Noam Chomsky escribe sobre ello y hay diversas técnicas para afrontar los problemas…

Poner nuestro problema en un marco más grande para verlo mas pequeño:
¡A todo el mundo le pasa!

O buscar el opuesto positivo de un problema:
No tener miedo al fracaso, sino ganas de hacerlo bien.

O el uso del “pero” y el aunque para cambiar el peso en la información de una idea:

En la frase:

“he encontrado una solución a mi problema, pero seguro que volverá a surgir de nuevo”

Tenemos el peso en la parte negativa, mientras que si decimos:

“he encontrado la solución a mi problema, aunque vuelva a surgir de nuevo”

La idea principal se queda en “he encontrado la solución a mi problema”

En general los libros que han pasado por mis manos hablando de este tema vienen a comunicar que ante una situación que desconocemos nuestra percepción suele ser negativa para poder así defendernos de ella, y tenemos una especial predisposición a pensar que tanto objetos como personas quieren fastidiarnos.

¿Son los problemas algo objetivo, o es nuestra percepción su creadora? ¿Todos los problemas tienen un punto de vista positivo? ¿Por qué es tan difícil cambiar nuestra percepción de algo negativo hacia algo positivo cuando tenemos la posibilidad de hacerlo?

sábado, 4 de julio de 2015

Miedo a la muerte

¿Es la muerte lo que más tememos? ¿Es el el miedo a la muerte más grande que el miedo a un gran sufrimiento? Son preguntas para pensar.

¿Es racional tener miedo a la muerte cuando es el final de todo? En general pensamos que sí, porque la muerte es la pérdida de la vida, y vivimos con el espejismo de una vida sin final, pocas veces son las que tenemos en cuenta nuestro ocaso o las que hablamos de él como algo natural y aceptando su inevitable llegada.

Los epicúreos pensaban que la muerte es un estado de inexistencia, no hay que temerla, pero cuando hablamos de muerte dolorosa ahí sí que podemos tener miedo racionalmente.
Hay una idea muy significativa de esta escuela que dice algo así como “no hay que temer a la muerte, pues cuando estamos vivos no llega, y cuando llega ya  no estamos vivos para verla” lo que nos resume su pensamiento, la muerte como algo que no existe, algo que nunca vemos, y por lo tanto no deberíamos temer tanto.

Los estóicos por su parte pensaban que no hay que temer a la muerte, pues no se puede hacer nada al respecto, su típico punto de vista estóico les hacía ver este temor como algo irracional, no hay ruta de escape a la muerte ni nada que pueda cambiarlo.

Hay otro punto de vista interesante del miedo a la muerte, y es e punto de vista evolutivo, darwiniano, que sugiere el miedo a la muerte como algo natural, ya que el ser humano está genéticamente creado para sobrevivir y reproducirse, y se ve el miedo a la muerte como un instinto que obliga a realizar estos actos antes de morir.
Sobre esto podemos contraponer la opinión deVoltaire, que apoya que el ser humano sea el único animal consciente de su muerte, pero eso no implica que el resto de animales no luchen por su reproducción y supervivencia, por lo que podemos entender el miedo a la muerte como algo que proviene de la cultura y el pensamiento, y quizá sea esto mismo lo que pueda cambiar dicho temor.

El miedo a la muerte es algo curioso, José Antonio Marina, en su libro “Anatomía del miedo” determina que nos volvemos miedosos por 3 causas, sucesos traumáticos, daños penosos y repetidos, y por aprendizaje social, siendo que no tenemos sucesos relacionados con la muerte podemos deducir que nuestro miedo procede de algo cultural, y muy cercano a lo irracional.

Incluso después de todo esto podemos seguir viendo a muerte con miedo. Al principio he formulado la pregunta  ¿Es el el miedo a la muerte más grande que el miedo a un gran sufrimiento? Y podemos seguir pensando que sí, ya que si nos pusiéramos muy estóicos y perdiéramos este miedo a la muerte puede que nos siguiera dando miedo por el sufrimiento ajeno ya que la muerte es socialmente visto como algo negro y triste pero ¿Qué pasa en las culturas donde se celebra la muerte? ¿Si la muerte fuera bien considerada cuando es heróica como en la antigüedad, o si se recordara por nuestros seres queridos como algobueno y natural nos daría tanto miedo?